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Un burro, muchas vacas y arroz inflado

Acabo de escuchar unos gritos. He pensado, “¡qué burro el que grita así!”. Era justo un burro corriendo por la carretera. Estoy en Agra, la ciudad del Taj Mahal. La que no tiene encanto para los mochileros, según me han dicho.

La gente viene a ver el Taj Mahal, su versión baby y alguna que otra mezquita.

No he visto nada de eso, excepto el Taj Mahal. He estado todo el tiempo metida en el hostel cerquita del baño y muy débil, me he pasado dos días sin comer nada. La típica bienvenida de India, todos hemos pasado por eso.

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Pero el primer día pude disfrutar de otra Agra. Crucé callejones y callejuelas, me salí de las rutas turísticas para ver una ciudad nada atractiva. Bueno, no sé. Yo sólo había visto Delhi y aún no sabría decir si me gustó o no. Mucho contraste, una gran explosión para los sentidos todo de golpe.

Y allí estaba yo, en las callejuelas del centro de Agra, que tienen la misma lógica que las del centro de Sevilla, ninguna aparente. Será para resguardarse del calor o porque se ha construido sin planificación, pero eso es un laberinto.

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Igual que en Delhi, la gente hace su vida en la calle, o en sus casas tras unas cortinas que apenas tapan el interior. Pero a diferencia de la capital aquí hay un ambiente más íntimo. No hay tanta actividad comercial, las pocas tiendas se confunden con las casas, o son una pequeña mesa en la calle resguardada del sol por unos tablones.

Mucha gente sentada en el suelo. Muchos niños. Todos persiguiéndome y saludándome. Me decían lo poco que saben en inglés, querían jugar conmigo.

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Perros por todas partes. Un niño persiguiendo a un cachorro que huía por una montaña de basura. Algunos me ofrecían bebidas que yo amablemente declinaba por miedo a ponerme mala (no sabía que me iba a pasar igual, justo esa tarde).

Una señora con un palo llamando a unas cabras. Los callejones son tan pequeños que apenas hay vacas merodeando por allí. Pero cuando se mete alguna es para acercarse a un puestecillo de verduras improvisado sobre una alfombra. Era el día del Rama Navami.

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Ese día se celebra el nacimiento del dios Rama, que es la séptima encarnación del Dios Vishnu, una de las tres divinidades supremas del hinduismo (Vishnu, Shiva y Brahma). Durante los nueve días anteriores, hay celebraciones en las calles para prepararse para este gran día.

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Fuera del centro de la ciudad hay vacas en cualquier rincón

En una esquina repartían arroz inflado mezclado con caramelos de azúcar. Cogí un puñado. Luego en una calle más ancha una aglomeración de personas alrededor de un restaurante, con la música bien alta. Me llamaron para ofrecerme algo de comida e intentaban explicarme qué significaba ese día para ellos.

Era la única extranjera allí, y se ve que estaban encantados con la idea de que me uniese a su celebración tan especial.

Me llenaban el plato cuando me lo terminaba, me dieron a probar más cosas típicas y yo tuve que decirles que ya no podía más. Que agradecía el gesto, pero estaba llena (así, sonriendo y tocándome la barriga). Me invitaron a volver por la noche pero yo tenía otros planes.

Levantarme temprano para ver el Taj Majal al amanecer.

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Y eso ha sido Agra, de aquí me vuelvo a Delhi para coger un avión al norte de India.

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2 Comments

  1. Gabi Gabi

    Me encanta!! muy chulii silvia que guay que te hayan acogido asi, y que bonicos los crios!!

    • Silvia Silvia

      Si, aquí la gente te integra en seguida, les encanta que un extranjero se interese por su país. Y los niños encantados de jugar conmigo!!

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