Ir a contenido

Sri Lanka desde el tren

De Kandy a Ella y de Ella a Kandy. Seis horas entre montañas. La ida la hice de pie, apretada entre la muchedumbre que se agolpaba en el vagón. En el viaje de vuelta, tres días después, había asientos libres.


vias-tren

Un niño pequeño dormido de cualquier manera sobre el regazo de su madre. Ya no es un bebé y sus pies desnudos descansan en el asiento de al lado. Ella mira por la ventana, dejándose llevar por los mismos paisajes que la acompañan desde hace años. El mismo trayecto una y otra vez que no deja de asombrarla.

madre-hijo

El señor que viaja con una máquina que no sabría describir, deja los 10 kilos de metal sobre el suelo y se echa a dormir en el asiento. Me cuenta que trabaja reparando las vías, o eso he entendido. Cuando se baja del tren me busca desde fuera para decirme adiós a través de la ventana, con la misma sonrisa con la que me preguntó mi nombre al subirse hace unas horas.

Una mujer hindú de pelo largo y canoso recogido en una trenza. Las pulseras doradas suenan en sus brazos arrugados. Un pendiente, también dorado, en la nariz y en las orejas. Un sari rosa pálido enrollándole el cuerpo que deja ver sus pies descalzos, agrietados, enroscados bajo el asiento. Una marca roja sobre la frente señalando el tercer ojo. (Ese puntito que se ponen las mujeres en la frente entre las cejas, el chakra ajna).

Habla con alguien a quien no puedo ver desde mi asiento y a veces me mira tímidamente, preguntándose qué hago yo en ese vagón de tercera clase con cara de sueño.

yo-tren

Todos miran el paisaje. Han elegido el lado derecho, el más escénico. No hay más ventanas libres en ese lado, puertas tampoco. Yo me quedo en el izquierdo descansando.

Pasa un vendedor de cacahuetes calientes. Con una cuchara los saca de la cesta para meterlos en un cartucho improvisado con hojas de periódico. Añade unos granos de sal rojiza y unas hojas de algo que no sé lo que es pero ya soy adicta. Remueve bien.

Llegan otros vendiendo buñuelos. La gente compra y sigue mirando por la ventana.

buñuelos

vendedores

Nadie me dice nada por poner los pies descalzos sobre el asiento de en frente. El sueño me vence, siempre me gustó el traqueteo del tren que aquí es exagerado. Como un carrito de bebé rodando sobre una calle de adoquines, imagino. Me duermo acunada entre montañas.

Al poco, un concierto improvisado me despierta. En algún vagón entonan una canción de letra y ritmo repetitivo.

gente-estacion

Pero pasamos un túnel y el sonido del tren, engrandecido por el eco de las paredes, ensordece todo lo demás. Todo menos las voces de los niños y de alguno de sus padres, que juegan a gritarle a la oscuridad.

De nuevo la luz, vuelve el canto lejano ahora también con palmas.

El frío se cuela por las ventana abiertas, pero no me pongo la sudadera, dejo que me recorra un escalofrío, me gusta esa sensación en los viajes. Me doy cuenta de que al fondo hay niebla.

La señora del sari rosa por fin me sonríe cuando se cruzan nuestras miradas.

Vuelve el de los buñuelos, esta vez le compro una bolsa. Le echa también un poco de cebolla cruda, ¿será para aliviar el picante? El caso es que ayuda.

A veces el paisaje es mágico. Como sacado de un cuento o dibujado por el de Hora de Aventuras.

hora-de-aventuras-2

hora-de-aventuras
¿No se parecen los paisajes?
arbol-hda
La Princesa Chicle va a aparecer de un momento a otro

Mirándolo se te olvida donde estás. A lo mejor la gente mira por eso, no es solo un paisaje bonito. Es algo más, tiene el poder de llevarte a donde tu quieras, solo hay que observar y dejar de pensar. 

El niño se ha despertado y la madre le da de mamar. Nadie dice nada, nadie se indigna, nadie la mira. El señor que tiene en frente sigue mirando por la ventana.

tren-curva

No quiero que acabe el viaje. Quiero seguir comiendo buñuelos picantes y dormir en mi asiento. Pero han pasado ya seis horas y estamos entrando en Kandy. Empieza una nueva etapa.

Aquí te dejo algunos sonidos del tren de ese trocito de viaje que te he contado en el post.

¿Quieres formar parte de Mundokoanga?
Vente de viaje conmigo
Si te ha gustado, dale a alguno de estos botonesShare on FacebookShare on Google+Tweet about this on TwitterShare on StumbleUpon

3 Comments

  1. Pascasio Pascasio

    Qué bonito Silvia es un monumento de la naturaleza inimitable

    • Silvia Silvia

      Sí, es brutal, la verdad es que me han sorprendido mucho los paisajes aquí, no sabes nunca para donde mirar.

  2. Pascasio Pascasio

    Me da la impresión de que la venta debe ser bondad infinita

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *